martes, 1 de mayo de 2012

Hyper



"El ángel me hablaba entre jazmines y en varios planos.
Me dijo algo; no entendí bien. "

Marosa di Giorgio


El niño chapoteaba con los pies sobre las olas en el límite al que llegaban sobre la arena. Marchaba rápidamente, como pisoteando el agua. De pronto salió corriendo hacia mí; yo miraba sentado el mar. Se me puso de frente como si me conociera. Tenía sonrisa y una mirada inmensas. Hablando con prisa me contó algo que no alcancé a entender, algo que tenía que ver con descubrir el mar.
Recuerdo el Valle del Mezquital quemado por el sol mientras anunciaban la llegada del hombre a la luna. En otra ocasión, el mar apareciendo detrás de los cerros secos, tomando el lugar del cielo. Miré una vez una sombra avanzar sobre un valle hasta congelar al sol.  Un par de décadas. Y la estrella roja en Orión ha perdido brillo.
Antes de que se extinga tengo que encontrar esas piezas de madera laqueada. Las dejé mientras veía llover en el jardín pensando en brotes verdes y en el sol. Con ellas hacía ciudades y puentes que tenían la misma forma que los momentos de lucidez. Después alguien me escuchó contando, envenenado por el fuego, los caminos desde el mar hasta las copas de los árboles más altos. Envenenado por el fuego, salía a empaparme de la lluvia helada, sólo porque venía del cielo. Más tarde alguien supo de mí y me dio a guardar algo, cosas que no miré bien. Las escondí mientras escuchaba en otra parte: “¿Por qué no se aburren nunca de sus malditos volcanes y su nieve, si nunca la van a tocar?”

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